En una ciudad donde las historias vuelan rápido y las buenas acciones no pasan desapercibidas, lo ocurrido hace unos días en San Javier sigue conmoviendo a vecinos y vecinas. No por el hallazgo en sí —que ya todos conocen— sino por lo que verdaderamente importa: la honestidad inquebrantable y la dignidad de dos trabajadores municipales que, aun cobrando sueldos modestos, eligieron hacer lo correcto. Los protagonistas son Gerardo Martinelli y Jorge Testolini, empleados del municipio que con su accionar se transformaron en un ejemplo social, especialmente para los jóvenes.
La jornada había comenzado como tantas otras. Gerardo, chofer municipal, había sido reasignado ese día a tareas de recolección porque un compañero faltó. Junto a Jorge, descargaban acoplados en el basural cuando algo rompió la rutina: una joven revolvía residuos con desesperación.
No era una escena común. Había angustia en sus movimientos, una búsqueda frenética que no parecía tener sentido en medio de la montaña de desperdicios. Los trabajadores se miraron y, sin dudarlo, se acercaron.
—¿Qué pasó? —preguntaron.
La joven explicó, casi sin aliento, que el martes habían limpiado la casa de su abuela y tirado varias bolsas. Recién al día siguiente, la mujer mayor recordó con preocupación que en un calzado viejo guardaba dinero, ahorros destinados a la compra de medicamentos. Pero el zapato ya estaba en la basura.

Desde el primer momento, Testolini y Martinelli se pusieron a disposición. No hubo titubeos ni excusas. Calcularon en qué parte del camión podría haber quedado la carga, fueron a un sector apartado del predio, volcaron los residuos y comenzaron a buscar.
Lo que siguió parece sacado de una novela… Entre restos quemados y bolsas rotas apareció un zapato casi consumido por el fuego. Uno de ellos lo abrió casi por instinto, como quien no quiere dejar nada sin revisar.
—Lo abrí por abrirlo… y cuando miro adentro veo la plata —relató después uno de los trabajadores—. Me di vuelta y le dije: “Acá encontré el zapato”.
La joven, incrédula, pensó que se trataba de una broma. Pero no lo era. Dentro del calzado, ennegrecido por las llamas, estaban casi un millón de pesos.
“En ningún momento se nos pasó por la cabeza quedarnos con la plata”
El gesto que conmueve no fue solo encontrar el dinero. Fue lo que vino después.
Sin dudar, sin deliberar, sin siquiera mencionarlo como posibilidad, ambos dieron media vuelta y le mostraron el hallazgo a su dueña.
—En ningún momento se nos pasó por quedarnos la plata. Dijimos: acá está la plata, nos dimos vuelta y se la mostramos.
Así de simple. Así de contundente.
En tiempos donde muchas veces se habla de crisis de valores, la actitud de estos trabajadores municipales demuestra que la honestidad no depende del salario ni de las circunstancias. Gerardo y Jorge ganan poco, como tantos empleados públicos del interior del país. Sin embargo, su dignidad no tiene precio.
TAN SIMPLE COMO VALIOSO…
Lo sucedido hace unos días no es solo una anécdota feliz. Es una lección colectiva. Es la prueba de que los verdaderos héroes no llevan capa, sino uniforme de trabajo y manos marcadas por el esfuerzo diario.
Porque cuando nadie mira —o cuando parece que nadie mira— es cuando se mide el verdadero valor de las personas… Y en ese basural, entre cenizas y residuos, brilló algo mucho más fuerte que el dinero: la honestidad.

