Desde este lunes 10 de agosto, las multas por infracciones en la ciudad de Santa Fe tienen nuevos valores. El aumento de la Unidad Fija (UF), que ahora se ubica en $2.092, vuelve a poner en discusión el costo que significa vivir y circular en la ciudad. La actualización representa una suba del 0,24% respecto de junio y acumula un 23% en lo que va de 2026. La UF se calcula tomando como referencia el precio del litro de nafta súper de YPF en la estación del Automóvil Club Argentino (ACA) de Santa Fe.
Aseguran los vecinos que nadie discute que las infracciones deben ser sancionadas. El problema aparece cuando los montos comienzan a resultar difíciles de afrontar para familias que ya llegan a fin de mes con deudas, cuotas y gastos cada vez más altos.

En distintos sectores de la ciudad crece el enojo y la sensación de que existe una finalidad más recaudatoria que estrictamente sancionadora. No se trata de defender la impunidad ni de cuestionar los controles, sino de preguntarse hasta dónde puede llegar la presión económica sobre los vecinos.
EJEMPLO: ALGUNOS DE LOS NUEVOS VALORES
Exceso de velocidad superior a 40 km/h:
$460.240 a $4.602.400
Alcoholemia positiva o conducir bajo efectos de sustancias:
$397.480 a $4.184.000
Uso del celular al conducir:
$104.600 a $1.046.000
Circular en moto sin casco:
$104.600 a $1.046.000
Estacionar en lugares prohibidos, veredas o frente a garajes:
$31.380 a $313.800
Estacionar en dársena del SEOM sin registración:
$23.012
Lavar vehículos en la vía pública:
$41.840 a $418.400
No contar con cestos de residuos en altura:
$62.760 a $251.040
No mantener la vereda libre de yuyos y malezas:
$31.380 a $313.800
Comercios que entreguen bolsas plásticas incumpliendo la normativa:
$167.360 a $1.673.600
ENOJO CIUDADANO
A estos valores se suma otro costo que también genera malestar: el SEOM. Entre multas, estacionamiento medido y otros gastos vinculados al uso del vehículo, para muchos santafesinos circular y estacionar en la ciudad se vuelve cada vez más difícil.
El debate, entonces, no pasa por pedir que no se sancione a quien incumple. Pasa por discutir si las multas deben funcionar principalmente como una herramienta para ordenar la convivencia y prevenir conductas peligrosas o convertirse, en la práctica, en otra fuente de ingresos para un municipio que carga sobre los vecinos una presión económica que para miles de familias ya resulta difícil de soportar.
En una ciudad donde el bolsillo está cada vez más ajustado, multas de cientos de miles o incluso millones de pesos generan una pregunta inevitable: ¿se busca corregir una conducta o recaudar?

