Hay preguntas que, aunque incomoden, necesitan ser formuladas. Y una de ellas aparece cada vez con mayor fuerza entre algunos vecinos de San José del Rincón: ¿por qué una ciudad con historia, identidad y una ubicación estratégica continúa postergada y sin un proyecto de desarrollo que le permita despegar?
Rincón no es una localidad nueva ni un pequeño paraje perdido dentro de la provincia. Tiene historia, tiene una comunidad que creció y tiene una ubicación privilegiada junto al corredor de la Ruta Provincial N.º 1. Sin embargo, desde el regreso de la democracia, resulta difícil enumerar grandes obras que hayan cambiado sustancialmente la vida de sus habitantes.
Algunos vecinos sostienen que los avances pueden contarse prácticamente con los dedos de una mano: el pavimento de los accesos a la ciudad, la llegada del gasoducto —que todavía es más una posibilidad concreta que una solución terminada, porque resta mucho para que entre efectivamente en funcionamiento— y la planta potabilizadora, que actualmente alcanza solamente a un sector de la ciudad.

Después, aparece una lista mucho más extensa: no hay cloacas, no existen planes de vivienda de magnitud, falta un centro de salud con niveles medios de complejidad, las vías de comunicación continúan presentando dificultades y no aparecen anuncios significativos de inversiones productivas que generen empleo y oportunidades.
Y ahí surge una comparación inevitable.
¿Por qué en otros pueblos sí?
Mientras Rincón espera, en distintas localidades pequeñas de Santa Fe se observan obras que, aunque puedan parecer modestas frente a los grandes proyectos provinciales, representan transformaciones concretas para sus comunidades.
En J. B. Molina, por ejemplo, se construyen cinco viviendas junto con las obras de infraestructura complementarias. En San Justo, nueve viviendas. En Santa Rosa de Calchines, veinte. En Colonia Rosa, dos.
En materia de cloacas también existen ejemplos de localidades que avanzan. Salto Grande, en el departamento Iriondo, lleva adelante la ampliación de su sistema de desagües cloacales. Tostado, Vila, San Jerónimo Sud, Vera, Armstrong, Venado Tuerto, Avellaneda y Alejandra, entre otras localidades, también aparecen dentro de diferentes proyectos de infraestructura.
El agua potable ofrece ejemplos todavía más contundentes.
En Chañar Ladeado, se ejecuta la etapa final de una planta de tratamiento por ósmosis inversa, junto con perforaciones y cisternas, con un avance cercano al 90% y una inversión superior a los $2.300 millones para beneficiar a unos 6.000 vecinos.
En San Jerónimo del Sauce, la red de agua potable alcanzó aproximadamente el 90% de ejecución y permitirá conectar a toda la comunidad.
En Susana, 463 hogares avanzaron en su conexión al sistema del Acueducto Desvío Arijón, con más de 9.200 metros de cañerías y una inversión superior a los $939 millones.
Y en Empalme San Carlos, se inauguró un sistema de provisión de agua potable para más de 100 familias, con una inversión superior a los $800 millones.

No son ciudades grandes. No tienen cientos de miles de habitantes. Son comunidades pequeñas que, sin embargo, consiguieron transformar necesidades históricas en proyectos, obras y soluciones.
La Pregunta
Entonces aparece la pregunta que algunos vecinos de Rincón empiezan a hacerse y que quizás debería formar parte de un debate mucho más amplio:
¿Es solamente responsabilidad de los gobiernos provinciales?
¿Existe incapacidad de los dirigentes locales para conseguir que Rincón sea escuchado?
¿Falta planificación?
¿Faltan proyectos capaces de trascender una gestión?
¿O también existe cierta apatía social, una especie de resignación colectiva frente a una realidad que se repite desde hace décadas?
Porque las obras que llegan a otras localidades no aparecen de un día para otro. Son, en muchos casos, el resultado de gestiones insistentes, proyectos elaborados, funcionarios que golpean puertas y dirigentes que reclaman durante años, independientemente del gobierno provincial de turno.
Quizás allí esté una de las claves.
Rincón no parece necesitar solamente una obra. Necesita un proyecto de ciudad.
Uno que permita pensar en viviendas, cloacas, salud, caminos, producción, empleo, servicios y crecimiento urbano. Un proyecto que no dependa exclusivamente de quién gobierna la Provincia o la Comuna en un determinado momento.
La historia reciente demuestra que los cambios son posibles cuando existe decisión política y capacidad de gestión. Y también demuestra que las obras pueden atravesar gobiernos de distintos signos cuando una comunidad consigue instalar sus necesidades como políticas de Estado.
No Resignarse
El problema quizás no sea solamente lo que Rincón no tiene. El problema más profundo puede ser haberse acostumbrado a que esas cosas no estén. Acostumbrarse a convivir con calles deterioradas, con problemas de comunicación, con la falta de cloacas, con servicios incompletos y con la ausencia de oportunidades laborales puede terminar convirtiendo una situación transitoria en un destino permanente.
Por eso, más que buscar culpables, quizás sea necesario abrir una discusión. La respuesta no depende de un solo gobierno. Tampoco de un solo dirigente. Pero probablemente sí dependa de que la comunidad deje de aceptar la postergación como algo inevitable.

