El Puente Colgante “Ingeniero Marcial Candioti” volvió a recuperar una de sus imágenes más reconocidas: la iluminación ornamental que, desde 2017, convirtió a esta histórica estructura en una postal nocturna de la ciudad de Santa Fe. Cuidar un monumento no es solamente conservar hierro, pintura o tecnología. También es preservar los recuerdos, las historias y esa sensación de reconocer, desde lejos, un lugar que forma parte de la propia identidad.
La puesta en valor demandó unos 45 días de trabajo e incluyó la recuperación de todo el sistema lumínico. Se incorporaron 433 luces LED RGBW, capaces de proyectar distintos colores, secuencias y efectos sobre las torres y tensores. También se reparó la iluminación vial y se reemplazaron cables, cañerías, bandejas y artefactos que habían sufrido el paso del tiempo y actos de vandalismo.

El equipamiento utilizado debió ser importado para mantener la compatibilidad con la tecnología instalada originalmente. De esta manera, el puente vuelve a contar con un sistema que permitirá cambiar sus colores para acompañar fechas especiales y acontecimientos de importancia para la ciudad.
SÍMBOLO DE LOS SANTAFESINOS
El primer puente comenzó a construirse en 1924 y fue inaugurado en 1928. Aquella estructura, de características semirrígidas y tres tramos, permaneció en funcionamiento hasta la gran inundación de 1983, cuando finalmente cayó.

Su reconstrucción comenzó años después y en 2002 volvió a abrirse al tránsito. El actual puente tiene aproximadamente 300 metros de extensión y unas 3.000 toneladas de hierro. En 2014 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
EL COLOR DEL PUENTE
Durante su reconstrucción también se produjo otro proceso que terminó incorporándose a la identidad visual santafesina: la elección del particular tono rojizo que hoy lo caracteriza. Durante dos años, Claudio Garnero trabajó a más de 20 metros de altura aplicando las distintas capas de protección anticorrosiva. El color elegido fue denominado “Rojo Candioti”, en referencia al nombre del puente.

Ese tono terminó convirtiéndose en mucho más que una decisión técnica. Es hoy parte de la memoria visual de Santa Fe.
MUCHO MÁS QUE UN PUENTE
Los símbolos urbanos tienen la capacidad de reunir generaciones. El Puente Colgante está presente en fotografías familiares, recuerdos de infancia, encuentros, recorridos cotidianos y en la imagen que muchos santafesinos tienen de su propia ciudad.
Por eso, recuperar su iluminación también significa recuperar una parte del paisaje que identifica a Santa Fe. Desde 2017, el puente pasó a tener una nueva dimensión: además de la tradicional postal diurna sobre la laguna Setúbal, comenzó a ser reconocido por su imagen nocturna.
La iluminación original incluso recibió en 2018 un reconocimiento internacional en Madrid, donde fue distinguida entre distintas obras por su arquitectura y diseño lumínico.
En el marco de los Juegos Suramericanos, el Puente Colgante vuelve a ocupar el centro de la escena. Sus luces podrán cambiar de color y acompañar acontecimientos especiales, pero su significado permanece: es una obra que sobrevivió a una inundación, fue reconstruida y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más fuertes de pertenencia de los santafesinos.

