La muerte de Agostina Vega, tan lejana y tan cercana de nosotros, la adolescente de 14 años hallada asesinada en un descampado de barrio en la ciudad de Córdoba, volvió a sacudir a la sociedad argentina. Durante días, miles de personas siguieron con angustia la búsqueda de la joven, compartieron su fotografía en redes sociales y esperaron una noticia que nunca llegó. El desenlace fue el peor posible.
Como ocurre cada vez que una mujer, una adolescente o una niña es víctima de una muerte violenta, la indignación se multiplicó rápidamente. Hubo reclamos de justicia, pedidos de explicaciones a las autoridades y una profunda conmoción colectiva. Sin embargo, una vez más surge una pregunta incómoda: ¿qué sociedad somos cuando estos hechos ocurren?
Mientras la investigación avanzaba, comenzaron los cuestionamientos al accionar estatal. Se discutió la rapidez con la que se activaron los protocolos de búsqueda, la coordinación entre organismos de seguridad y la capacidad preventiva de las instituciones. También quedaron bajo análisis las declaraciones de funcionarios y el manejo de la información pública durante los días más críticos.
LOS MEDIOS, SIEMPRE LOS MEDIOS
La cobertura mediática también quedó bajo la lupa. Horas de transmisión en vivo, especulaciones, versiones sin confirmar y una carrera permanente por obtener la última novedad alimentaron una discusión que aparece cada vez que una tragedia conmueve al país. ¿Se informa o se explota el dolor? ¿Se busca esclarecer los hechos o generar impacto emocional para ganar audiencia? ¿Dónde termina el periodismo y dónde comienza el espectáculo?
Las redes sociales amplificaron aún más ese fenómeno. Miles de comentarios expresaron solidaridad con la familia, pero también circularon rumores, acusaciones apresuradas y juicios sin pruebas. En cuestión de horas, el dolor se convirtió en tendencia.
LA PREGUNTA QUE INTERPELA
¿Por qué una parte de la sociedad se moviliza masivamente cuando ocurre un crimen atroz, pero al mismo tiempo descalifica o minimiza las luchas que durante años impulsaron los movimientos feministas para denunciar las violencias contra mujeres y niñas?
Cada vez que sucede un femicidio o un crimen con características de violencia de género, abundan las expresiones de repudio. Sin embargo, muchas de las mismas voces que reclaman justicia rechazan políticas públicas, campañas de prevención, educación sobre violencia o espacios de acompañamiento para las víctimas. La contradicción parece evidente. Se condena el resultado final, pero muchas veces se cuestionan las herramientas que buscan evitar que esos hechos ocurran.
El caso de Agostina también obliga a pensar más allá de la responsabilidad penal de quien cometió el crimen. Obliga a reflexionar sobre las fallas institucionales, pero también sobre las responsabilidades sociales. Porque una sociedad no se define únicamente por sus leyes o por la eficacia de sus fuerzas de seguridad. También se define por sus valores, por la forma en que trata a los más vulnerables y por las respuestas que construye frente a la violencia.
Quizás la pregunta más difícil no sea qué hicieron o dejaron de hacer los funcionarios, la Justicia o los medios de comunicación.
¿Y NOSOTROS?
¿Qué consumimos cuando seguimos minuto a minuto una tragedia? ¿Qué compartimos en redes sociales? ¿Qué discursos validamos? ¿Qué violencias naturalizamos? ¿Qué hacemos cuando vemos señales de alerta en nuestro entorno?
La muerte de Agostina Vega deja una investigación judicial en marcha y una familia destruida por el dolor. Pero también deja un espejo incómodo frente a toda la sociedad.
Porque cuando una adolescente desaparece y termina asesinada, no alcanza con exigir respuestas. También es necesario preguntarse qué responsabilidad tiene cada uno en la construcción de una sociedad que parece conmoverse con las consecuencias, pero que muchas veces permanece indiferente ante las causas.
Tal vez el verdadero homenaje a Agostina no sea únicamente reclamar justicia. Tal vez sea animarse a discutir, sin hipocresías, qué estamos haciendo mal como sociedad para que historias como esta sigan repitiéndose.

