La crisis económica que atraviesa el país continúa golpeando a la actividad productiva y sumando incertidumbre sobre el futuro de cientos de trabajadores. En este contexto, el Molino Tahín S.A., una de las empresas más importantes de la cadena arrocera santafesina, paralizó temporalmente sus actividades en San Javier tras sufrir el corte del suministro eléctrico por una deuda con la Empresa Provincial de la Energía (EPE).
Aunque la interrupción del servicio fue el hecho que desencadenó el cierre de la planta, detrás de la situación aparecen problemas mucho más profundos que afectan a gran parte del sector productivo argentino: caída del consumo, aumento de costos, dificultades de financiamiento y una creciente pérdida de competitividad.

La empresa atraviesa un fuerte ahogo financiero derivado de la crisis que afecta a la producción arrocera. Los altos costos para producir, las dificultades para conseguir materia prima, los bajos rendimientos de algunas cosechas y el fuerte incremento de las tarifas de los servicios públicos fueron deteriorando la situación económica de la firma hasta volver insostenible su funcionamiento diario.
¿QUE DICE LA EMPRESA?
Los directivos de la empresa aclararon que la intención no es cerrar definitivamente sus puertas, sino encontrar alternativas para regularizar sus deudas y volver a poner en marcha la planta. El principal objetivo es preservar las fuentes de trabajo y mantener una actividad que resulta estratégica para toda la región.
La preocupación es grande porque el Molino Tahín no es una empresa más dentro de la economía santafesina. Su capacidad para almacenar, secar y procesar hasta 30.000 toneladas de arroz lo convierte en uno de los actores más relevantes de la industria provincial. Además, comercializa marcas reconocidas como Padoan, Celador y Cónsul, y abastece con producción propia a importantes cadenas alimenticias del país.
Su importancia también trasciende la producción tradicional. Gracias a un trabajo conjunto con la Universidad Nacional del Litoral, la firma se convirtió en una referencia en la elaboración de harinas, premezclas y fideos de arroz aptos para celíacos, un segmento con creciente demanda tanto en Argentina como en mercados internacionales.

INCERTIDUMBRE DE LOS TRABAJADORES
El impacto del cierre temporal se siente mucho más allá de los límites de la planta. Decenas de trabajadores dependen directamente de la actividad del molino, mientras que transportistas, prestadores de servicios, comercios y productores arroceros de toda la Costa Santafesina encuentran en la empresa una fuente fundamental de ingresos.
La situación del Molino Tahín refleja una realidad que se repite en distintos puntos del país. El cierre o la paralización de empresas productivas se ha vuelto una preocupación creciente en un escenario económico marcado por la recesión, la caída del consumo y las dificultades para sostener los costos operativos. Cada establecimiento que reduce su actividad representa no solo una pérdida para la producción, sino también una amenaza para el empleo y el desarrollo de las economías regionales.

