Secuestran 370 metros de cables en una chatarrería ubicada en la ruta nacional Nº 168. El procedimiento se realizó en un predio ubicado en inmediaciones de Bajada Distéfano y el terraplén. El responsable, de 48 años, fue demorado al no poder justificar la procedencia del material. Investigan el posible circuito de compra y venta de cobre.
Quienes transitan por la Ruta Nacional 168 suelen observar predios y negocios de compra y venta de metales. Detrás de ese movimiento comercial legal también puede esconderse un circuito irregular: el robo de cables para extraer el cobre y venderlo como chatarra.

Un operativo de la Policía de Santa Fe puso el foco sobre esta actividad. Durante una inspección en una chatarrería ubicada en la zona de Bajada Distéfano y el terraplén, los efectivos secuestraron 370 metros de cables eléctricos y de comunicaciones cuya procedencia no pudo ser acreditada.
QUÉ ENCONTRÓ LA POLICÍA
El material incautado fue discriminado en dos grupos:
- 170 metros de cables bipolares y trifásicos, utilizados en instalaciones eléctricas.
- 200 metros de cable coaxial, empleado en redes de comunicaciones y con núcleo de cobre.
- 22 kilos de cobre limpio: cantidad que se estima podría obtenerse del material secuestrado.
- $250.000: valor estimado del cobre en el circuito informal.
El responsable del establecimiento, un hombre de 48 años, fue trasladado a sede policial en calidad de demorado. Interviene el Ministerio Público de la Acusación (MPA), que deberá avanzar en la investigación sobre el origen de los cables.
EL NEGOCIO DETRÁS DEL ROBO
La sustracción de cables no termina con el robo. El negocio se completa cuando el material llega a los lugares donde se compra, se acopia y se procesa para recuperar el cobre.
El problema va más allá del valor económico del metal: los robos pueden dejar sin servicios eléctricos o de comunicaciones a vecinos, comercios y organismos, además de provocar daños en instalaciones públicas y privadas.
La investigación deberá establecer su procedencia y determinar si hubo responsabilidades penales. Los controles sobre chatarrerías buscan precisamente detectar materiales de origen sospechoso y cortar el circuito comercial que puede alimentar estos delitos.

