La Unidad Regional VII de la Policía de Santa Fe informó la retención de numerosos motovehículos durante los operativos realizados el último fin de semana en distintas localidades del Departamento Garay. Los procedimientos se llevaron adelante en el marco de los controles preventivos que habitualmente desarrolla la fuerza en su jurisdicción. No obstante, esto es una clara señal de cómo crece el delito de comercialización de motos robadas (supuestamente en la Ciudad de Santa Fe) y que se comercializan o son desguazadas en Helvecia y región.
Los resultados vuelven a poner sobre la mesa una problemática que preocupa desde hace años y que lejos de disminuir parece crecer de manera constante: la circulación de motos sin documentación, muchas de ellas vinculadas a robos cometidos en la ciudad de Santa Fe y el Gran Santa Fe.

Si bien las autoridades destacan la cantidad de vehículos retenidos, distintas estimaciones indican que los controles alcanzan apenas a una parte de las motos que circulan en situación irregular. Se calcula que alrededor del 40 por ciento son detectadas en los operativos, mientras que el restante 60 por ciento transita por caminos alternativos, barrios periféricos y sectores donde la presencia policial es escasa.
ECONOMÍA DEL DELITO
Detrás de esta realidad aparece un fenómeno delictivo que se ha consolidado en toda la región. Las motocicletas robadas son trasladadas hacia localidades costeras, ocultadas durante algunos días en zonas de monte o pastizales y posteriormente desarmadas para vender sus repuestos en el mercado ilegal. Otras son comercializadas completas o adulteradas para dificultar su identificación.
Según la organización Damnificados por el Robo de Motos (DAPROM), en la ciudad de Santa Fe se sustraen unas 160 motocicletas por mes. Aunque algunas son recuperadas, muchas terminan alimentando un circuito clandestino que tiene presencia en distintas localidades de la Costa Santafesina y especialmente en el Departamento Garay.
EMERGENTE DE LA POBREZA
El crecimiento de este delito también refleja una realidad social compleja. La crisis económica, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades para acceder a un vehículo o sostener los costos del transporte han generado condiciones favorables para la expansión de mercados ilegales vinculados al robo y comercialización de motos.

