Condenaron a un hombre por abusar de su hija y promover su corrupción. El hombre recibió 11 años y 4 meses de prisión efectiva por hechos reiterados cuando la niña tenía 12 años. La intervención de las docentes fue clave para activar la denuncia y sostener la investigación, incluso cuando la víctima se retractó.
Los hechos ocurrieron de manera reiterada entre mayo y junio de 2024, en la vivienda que compartían y en una oportunidad dentro de un automóvil. El caso genera indignación por la gravedad de los delitos y, especialmente, por la traición al vínculo de confianza y protección que debe existir entre un padre y su hija. Se trata de una forma de violencia que deja profundas consecuencias en las víctimas y que exige una respuesta firme de la Justicia.

LA ESCUELA FUE CLAVE
La investigación se inició después de que la niña revelara lo sucedido en el ámbito educativo. Las autoridades escolares activaron el protocolo correspondiente, convocaron a la madre y se contactaron con la supervisión del Ministerio de Educación y el equipo socioeducativo de la Municipalidad de Reconquista.
La madre radicó la denuncia en la Comisaría de la Mujer y, a partir de allí, intervino la Fiscalía, que dispuso las medidas investigativas y la detención del acusado. Durante el proceso, la niña llegó a retractarse de lo ocurrido. En ese contexto, el acompañamiento de las docentes resultó fundamental: aportaron información sobre la primera revelación y sostuvieron su intervención, elementos que ayudaron a mantener la acusación y llegar a una condena.
El fiscal Valentín Hereñú destacó especialmente el papel de la institución educativa y la importancia de contar con adultos capaces de escuchar, actuar y dar intervención a los organismos correspondientes ante una situación de esta gravedad.
¿PADRE O BESTIA?
La condena fue dictada por el juez Gonzalo Basualdo mediante un juicio abreviado, tras un acuerdo entre la Fiscalía y la defensa. El acusado reconoció su culpabilidad y aceptó la calificación legal y la pena acordada.
La sentencia contempló el abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo y la convivencia, además de la promoción de la corrupción de menores, también agravada.
El caso vuelve a poner en evidencia la importancia de que las escuelas, las familias y las instituciones respondan sin demora ante cualquier señal de abuso. Cuando una niña se anima a hablar, escucharla, protegerla y activar los mecanismos de denuncia puede ser decisivo para que la violencia no quede impune.

